Aquest és el bloc del Canet Educa, l'espai de debat educatiu promogut per l'Àrea d'Educació de l'Ajunament de Canet de Mar i que compta amb la col·laboració dels agents educatius del territori i de les mares i pares de Canet de Mar


dimecres, 4 de març del 2009

Els programes de tele infantil a debat

La 'tele' para bebés está bajo sospecha

Francia pone coto a los programas dirigidos a menores de tres años
Los creativos defienden su obra como algo educativo, si no se abusa

Carmen Pérez-Lanzac
31/10/2008

-Dieeeego.

-¡¡Diego!!

Diego, tres años, no oye a su madre. Está absorto viendo una película del fantasma Casper en la tele del salón y no hay forma de que quite los ojos de la pantalla. "Nada, se abstrae por completo", dice Blanca. Como la mayoría de los niños, Diego empezó a ver la tele hace ya tiempo. Se la ponen por las mañanas, mientras sus padres terminan de vestirse, y por la noche, antes de dormir. "Y desde que nació su hermana, si estoy sola y necesito dedicarme a ella también se la pongo un rato". Los padres de Diego no son ni mucho menos unos despreocupados. Juegan con él, le leen cuentos y cuando hace falta recurren también a la tele, aunque prefieren tirar de DVD para evitar que vea tantos anuncios.

La televisión es un conocido sedante de niños y a menudo se convierte en una gran aliada de unos padres ocupados y cansados. Ante la tele, los niños se quedan inmóviles y boquiabiertos. Es útil y a ellos les gusta. La mayoría empieza a ver la televisión en torno al año. Hasta finales de los noventa apenas había programas dirigidos a bebés. Pero entonces llegaron los Teletubbies y su éxito fue mundial. Un total de 120 países retransmitieron el programa, dirigido a menores de cuatro años y con los ingredientes necesarios para llamar su atención: colores chillones, canciones, "abrazos fuertes" y una voz en off que hace de narrador, como cuando un adulto les cuenta un cuento. Visto el éxito, los Teletubbies tuvieron muchos sucesores, la mayoría basados en programas educativos desarrollados por pedagogos y educadores: Pocoyó, Los Lunnis, Little Einstein, El jardín de los sueños y un larguísimo etcétera.

En 2003, tras haber descubierto este nicho de pequeños telespectadores, una empresa israelí ideó Baby TV, un canal temático con 24 horas de programación para menores de tres años. En 2006, otra estadounidense lanzó un canal similar, Baby First, "una forma divertida y didáctica de acercar a tus hijos el arte, las matemáticas, la lengua y la música. Y recomendada por los expertos en desarrollo infantil", según reza su eslogan en España. Más de 40 países están emitiendo en estos momentos la señal de al menos uno de estos dos canales.

Ante una parrilla plagada de contenidos no aptos para los más pequeños, la inofensiva programación de estos canales fue tan bien recibida como los Teletubbies. Muñecos de plastilina, música clásica y frases como "Amarillo es el sol, como un girasol". Los niños ven la tele, sí, pero aprenden. Todo el mundo parecía contento con la idea. Hasta que el Ministerio de Sanidad francés se ha erigido en su adversario.

El pasado 16 de abril, dictaminó: "Los fundamentos científicos sobre el desarrollo cognitivo y físico del niño tienden a demostrar que los programas de televisión creados específicamente para los más pequeños no tienen un efecto positivo sobre su desarrollo psicomotor y afectivo. Al contrario, estudios disponibles subrayan el riesgo ligado al consumo de imágenes televisivas sobre el desarrollo del pensamiento y la imaginación, la integración de emociones y sobre su desarrollo psicomotor. Para desarrollar sus capacidades físicas, psicomotrices, cognitivas y afectivas, el niño debe utilizar activamente sus cinco sentidos y apoyarse sobre la relación con un adulto". El ministerio (...) recomienda a las empresas que comercialicen estas emisiones no alegar beneficios para el desarrollo del niño que no están demostrados científicamente.

El Consejo Superior de lo Audiovisual francés (CSA) también tomó cartas en el asunto. El 22 de julio concluyó: "El consumo de televisión por parte de los menores de tres años afecta a su desarrollo, fomenta la pasividad, problemas de sueño, agitación, falta de concentración y adicción a la televisión". Por tanto, desde mañana ninguna cadena francesa puede "editar, difundir o promover programas anunciados como específicamente para niños menores de tres años". Además, los canales de cable o de televisión digital deben informar a sus abonados de forma "legible y accesible" que "ver la televisión puede frenar el desarrollo de niños menores de tres años, aun cuando se trate de cadenas dirigidas específicamente a ellos".

La decisión ha caído como un jarro de agua fría en el sector y ha preocupado a muchos padres. ¿No eran estos programas buenos para sus hijos? ¿Es posible que ver una emisión en la que un pincel enseña los colores sea negativo para un niño pequeño?

Andrew Davenport, el papá de los Teletubbies, estuvo en Madrid el pasado septiembre presentando su nueva emisión dirigida a bebés: El jardín de los sueños (La 2). Sus protagonistas son muñecos que no hablan sino que hacen ruidillos. Todo sucede despacio y en cada capítulo una misma historia se repite varias veces. El programa aburre a los adultos, pero gusta mucho a los pequeños. Consultado respecto a la decisión del CSA francés, Davenport se encogió de hombros: "Hoy en día es difícil mantener a los niños alejados de las pantallas. Una serie así les ayuda a definir su cultura y, en mi opinión, favorece su desarrollo. Evidentemente, todos los niños no son iguales y son los padres quienes tienen que valorar si le viene bien a su hijo. La realidad es que hay muy pocos estudios serios sobre este tema, pero yo personalmente no le negaría el placer que siente viendo el jardín de los sueños a mi nieto de 18 meses".

Fernando de Miguel, consejero delegado de Zinkia, la empresa creadora de Pocoyó, reconoce que vivió la resolución de Francia con sorpresa. "Nosotros desarrollamos Pocoyó con asesores educativos que trabajan en su día a día con niños de las edades en cuestión. Tenemos en cuenta los conceptos básicos universales de cómo educar a un niño e intentamos transmitir los mismos valores de la escuela: los hábitos de higiene, aprender a compartir y a ganar autonomía. En mi opinión, reservar un pequeño espacio del día para que el niño esté viendo un programa de este tipo, que dura entre 7 y 11 minutos, no sólo no es perjudicial sino positivo. Es parte de su formación igual que lo es ir a un parque a ver un guiñol. Todos estamos convencidos de que ver la tele de forma abusiva es malo. No se les puede dejar una hora ante la pantalla, ni pretender que eso supla jugar con los adultos, intercambiando sonrisas".

Xavier Viza, director de Los Lunnis, resume: "No soy un experto en educación, pero si creyera que estos programas afectan al crecimiento educativo no los haría. Cada capítulo se basa en un currículo educativo muy estricto. Hoy mismo hemos eliminado de un guión una escena en la que un muñeco se desespera y da golpes contra la mesa. Vamos con mucho cuidado".

¿Qué opinan de todo esto los expertos? "En principio, que los muy pequeños vean un tiempo breve de televisión no tiene importancia, el problema es si se abusa. Y la realidad es que muchos padres están abusando", opina Valentín Martínez-Otero, psicólogo y pedagogo. "El juego es un asunto muy serio y es un error grave que los niños dejen de hacerlo por ver la tele. A esa edad el juego es puro ejercicio: manipulación de objetos y movimientos que le reportan placer y le abren las puertas de numerosos aprendizajes. Ver mucho tiempo la televisión puede generar pasividad, sobrepeso y obesidad infantil, además de empobrecimiento cognitivo y social".

Un estudio llevado a cabo en 2004 por la Universidad de Seattle, en Estados Unidos, con 1.200 niños menores de un año y 1.300 menores de tres, daba a entender que existe relación entre ver la tele a esas edades y presentar problemas de atención a los siete años. Sin embargo, el informe añadía infinidad de parámetros que rebajaban tal afirmación.

"La tele es un mal sustituto para unos padres que están muy ocupados y no pueden o no quieren dedicarles más tiempo", explica Mariano Trillo, psiquiatra infantil. "A esa edad los niños necesitan interactuar con adultos y aprender a moverse y a coordinar. Una tele no puede hacer eso. No es que la televisión sea necesariamente mala, sino que está ocupando un espacio de tiempo que deberían compartir con sus padres. Puedes mirar cómo alguien mete los triángulos en la cajita en un programa de la tele, pero mientras no lo hagas tú no vas a desarrollar tu propia coordinación. La tele es más bien un anestésico para los papás".

Gary Pope, fundador de la consultora Kids Industries, especializada en asuntos relacionados con la familia, opina: "Los menores de dos años no deberían ver la televisión. No entiendo por qué los franceses han ampliado la edad a los tres años. El problema es que la mayoría de los padres no sabe muy bien qué es bueno para sus hijos. Si les dicen que un programa fomenta su desarrollo, se lo ponen. Deberían hacer más esfuerzo y no acudir siempre a la tele".

En España el debate no se ha planteado. "Habiendo tantos temas relacionados con el audiovisual infantil desatendidos, sería desproporcionado", dice De Miguel (Pocoyó). "Empezando por la falta de programación dirigida a niños". La misma opinión que Manuel Cristóbal, secretario general de Cartoon, la Asociación de Productores de Animación Europea, y director de Perro Verde Films (que en breve estrena la película El lince perdido): "En España lo lamentable es que el horario protegido esté tan desprotegido. Es el único país europeo que no tiene un sistema que controle eficazmente lo que se emite en horario infantil y que penalice como se debe a quien no lo cumple. El código de autorregulación sobre contenidos televisivos e infancia es una tomadura de pelo".

Los consultados parecen estar de acuerdo en que el quid es el tiempo de visión. El problema es que ese dato no existe. Sofres, la empresa que mide la audiencia, lo hace a partir de cuatro años. Así que nadie sabe a ciencia cierta cuánta tele o qué programas están viendo los más pequeños. "El consumo televisivo por parte de los menores de tres es importante y existe", dice Pablo Romero, director de programación de Digital +, plataforma que emite Baby First en España.

Al margen del debate surgido en Francia, la mayoría de los niños van a seguir viendo la tele y es preferible que lo hagan siguiendo unas pautas que Martínez-Otero resume: "La televisión puede brindar aspectos positivos, siempre que se limite el tiempo, se adopte una posición adecuada y se seleccionen los contenidos, aunque no es lo más aconsejable, sobre todo si se tiene en cuenta que hay otras opciones y hay que cultivarlas desde la temprana infancia".



És nociva la tele?

ANÁLISIS: DOS VISIONES ANTE UNA MEDIDA POLÉMICA
Menos hipocresía y más calidad

Agustín García Matilla
31/10/2008

Estudios recientes nos dicen que más del 90% de los escolares españoles ven la televisión al volver del colegio. Entre los cuatro y los 15 años ven una media diaria de dos horas y 28 minutos, una hora y 20 minutos menos que los adultos y hasta tres horas menos que los mayores de 65 años.
¿Puede decirse que la televisión es mala para los menores? La respuesta puede parecer de Perogrullo: la televisión mala es mala para los menores y la buena televisión, buena como instrumento socializador y herramienta útil para la educación.

Existen excelentes informativos para niños y jóvenes que se emiten en televisiones de Italia, Alemania, Holanda o Reino Unido; Newsround lleva más de 30 años emitiéndose en la BBC y se ha convertido en un referente de televisión de calidad que sirve a niños y niñas para entender la realidad y como nexo de relación y diálogo con sus padres. En el Reino Unido se han producido también algunos de los mejores programas del mundo para niños: Words and Pictures, Telettubies, Twennies, etcétera. La población británica ha exigido a su televisión pública una producción específica para los niños y la ha logrado.

En países como Estados Unidos existe una televisión también pensada para los niños que busca la calidad. No es una casualidad que el taller de televisión Children's Televisión Workshop (CTW) haya seguido produciendo programas pensados para niños y jóvenes 30 años después de que su producción Sesame Street (Barrio Sésamo) se convirtiera en el gran referente de la televisión de servicio público para niños. En países como Brasil existen actualmente experiencias como la de MultiRío en la que los niños son protagonistas con una participación activa en la producción. Durante décadas en México o en Argentina algunas televisiones han emitido programas de calidad destinados a niños, o las emisiones para la red escolar producidas por TV Quality.¿Qué pasa en España? Los niños de nuestro país ven televisión para adultos porque, salvo honrosas y aisladas excepciones, no tienen donde elegir. Nuestros niños tienen la desgracia de haber nacido en el único país de Europa que no cuenta con un Consejo Superior del Audiovisual que haga cumplir, por ejemplo, las directivas europeas. Estamos a gusto nadando en la hipocresía: hablamos de televisión basura y no tenemos fuerza como sociedad para exigir una televisión de calidad que dé alguna opción de de variedad a nuestros niños.

Agustín García Matilla es catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Valladolid

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divendres, 20 de febrer del 2009

El meu jo virtual....

"Mi yo virtual tiene 129.000 amigos. El de verdad, ni 10"

Carme Pérez-Lanzac
25/10/2008

Hay dos formas de conocer a Sofía: en persona o a través de Internet. La Sofía de carne y hueso -24 años, mulata, diminuta y muy delgada- entra en una de las cafeterías de la cadena Faborit del centro de Madrid con su portátil bajo el brazo. Pide un zumo y dos cruasanes. Después abre el ordenador, el lugar donde reina y mora su yo virtual. Que, parafraseando a Martes y Trece, es lo mismo pero no es igual.

Es líder en España en contactos en MySpace, la gran red social de Internet

Hace dos años, esta hija de portuguesa y angoleño se creó un perfil en MySpace (myspace.com/sofia), la primera red social en triunfar a nivel mundial (más tarde llegaron Facebook, Hi5, Tuenti...). Hoy es la usuaria española con más contactos en su página personal, según datos de la propia MySpace. Estos días, la Sofía virtual tenía 129.000 "amigos", el equivalente a la población de Cádiz. Pero la cifra aumenta a diario. Un ejemplo: anoche Sofía cerró su ordenador a las tres de la mañana. Quince horas más tarde, al abrirlo, se ha encontrado con la solicitud de 183 desconocidos deseosos de engrosar su lista de conocidos.

Además de popular, la Sofía virtual es descaradamente sexy. Posa en biquini y con tacones agarrada a la barandilla de un yate y chatea con los fans que se "acercan" semanalmente a decirle lo guapa que es, lo estupenda que está. Los e-mails llegan desde Alaska, Miami, Brasil, Londres... En su web, Sofía alardea de una vida social muy activa y ha colgado fotos de la última fiesta de MySpace España.

La Sofía real no es tan explosiva como su álter ego y es bastante más tímida de lo esperado. Vive en Lavapiés, en un piso con una sola habitación que comparte con su madre, un perro y un gato que no se cansa de maullar. Una cortinilla hace de separador de ambientes: de la cortina para allá el dormitorio. De la cortina para acá, el salón. Sofía pasa unas cuatro horas diarias frente al ordenador ("a veces todo el día") y teclea como el rayo. "Internet hace posible lo imposible", dice mientras come a pellizcos sus cruasanes rebosantes de mantequilla (¿qué hace la grasa cuando entra en ese cuerpecillo? ¿Se evapora?). "Antes para ser actriz había que ir a castings, buscar un agente... Ahora puedes currártelo tú solo: te creas un perfil, haces networking...".

Sofía tiene un objetivo en la vida: ser actriz. Y modelo tampoco estaría mal. Ya ha posado para fotógrafos de forma amateur (y casi siempre con lentillas azules, como en la foto de esta contraportada). Está decidida a exprimir la Red para hacer contactos y dar el salto profesional. Lo dice claramente en su perfil, donde ha redactado una lista de sus sueños por cumplir: "Posar para portadas de revistas y shows de moda; tener un papel en una de mis series preferidas; tener mi pequeña colección de ropa; tener 1.000.000 de euros; hacer voluntariado en países necesitados; tener mi fundación benéfica...".
De momento, las portadas de las revistas quedan aún lejos. Del lado de acá de la pantalla de su portátil, Sofía trabaja de azafata, en discotecas, de canguro. En verano salió en el programa Identity (TVE-1) como "la chica con 100.000 amigos en Internet".

-¿Qué se siente ostentando ese récord?

-¡Me encanta! No sé. Mola ser tan popular.

-¿Y qué hay de los amigos de verdad?

-Supongo que es irónico, pero tengo muy pocos. Unos diez. Espera... Buf, no. Menos.

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Què és això del Habbo Hotel?

Un hotel con 97 millones de habitaciones

Cristóbal Ramírez
06/07/2008

Juegos, 'chat', dinero, realidad paralela... Habbo Hotel es un juego 'online' y la comunidad virtual con más éxito entre los jóvenes de medio mundo. Chicos que no pueden conocerse fuera de ese microcosmos. 'Alter egos' para siempre.

David puede ser David, dvdsnake o quien le dé la gana. Puede ser un punk deslenguado o un chaval de lo más tímido. Ahora no es eso lo que le importa.

-Hace frío, ¿no?

La brisa le da la razón a las siete y pico de la tarde. No hace calores en esta plaza de Santo Domingo, en el centro de Madrid, con una red wi-fi que se mezcla con el viento. El chico, más callado que otra cosa, con su ordenador portátil en el regazo, se hace un ovillo. Pero se ha empeñado en darse un chapuzón. Nada un rato y se sube al trampolín. Alguien grita: "Cómo me pone la chica del bañador rojo". Ni caso. David coge carrerilla. Hace unas piruetas en el aire y cae en plancha. ¡Bum! El frío. Levanta la mirada. Nadie en bañador. Sólo asfalto. Madrid.

Lo único real es David, el frío, la plaza y la red wi-fi. La piscina y el comentario impúdico están en otro mundo. Dentro del ordenador, en Internet, en Habbo Hotel, la comunidad virtual más famosa entre los jóvenes. ¿Por qué? Porque es otra vida, simplemente. Los adolescentes se inventan allí un personaje, lo visten, le compran muebles para decorar sus salas, van a discotecas, juegan al fútbol, chatean con otros usuarios... Así pasan el rato.

Es una vida virtual. Razón de más para los 15 millones de usuarios españoles que se han lanzado a ella. La mayoría, un 68%, tiene entre 15 y 19 años. En todo el planeta son 97 millones de chavales repartidos en 32 comunidades. Países y más países, redes y más redes. En la comunicación está el asunto. Los usuarios hacen amigos que nunca podrán conocer en carne y hueso. La web podría recordar en principio a los Sims, el videojuego que rompió moldes en 2000 porque consistía en crear una vida de la nada. Habbo Hotel es más real y más social: aquí se interactúa con otros.

Y aquí david es dvdsnake, el punk de pelo cortado a cepillo. Un diseño retro, como de los ochenta, nostálgico, pixelado, infantil, pero que se queda clavado en el cerebro. La seña Habbo. El hotel está en un paisaje urbano idílico donde el cielo es azul, las nubes se mueven como en procesión, el campo está a tiro de piedra y todo es nuevo, brillante, de postal. Mientras David camina por una sala, asalta a alguien que ya conoce de otras veces:

-Hola, ¿qué pasa?

-Vamos a hacer el fiestón del siglo.

Sin pensarlo, ha entrado en una discoteca que está de bote en bote. Una chica quiere charlar con él. Musitan algunas palabras, como si ya fueran conocidos, pero él la despide pronto: "Hablamos luego, que estoy liadillo, je, je". ¿Vergüenza? Puede ser. Menos mal que el portal incluye la consola, esa máquina en la que se habla sólo con amigos, las personas que cada uno incluye en su agenda de contactos. Igual que el Messenger. Un refugio.

El dinero también suena en Habbo Hotel. No podían tardar en salir los créditos, la moneda utilizada en este juego online para comprar furnis o muebles. Exacto: se compra y se vende. Y también hay algunos que intentan engañar a los demás. La vida. David no es de ésos. Él ha montado una heladería desde la legalidad, consultando el catálogo y comprando las máquinas, las hamacas y las plantas. Cinco créditos, cada furni, que se pagan con un mensaje desde el teléfono móvil o con una llamada. Normalmente, un euro son seis créditos y a veces existen ofertas 2×1. El capitalismo, tan universal.

La obsesión por la fortuna:

-Quiero un crédito, un regalo, por favor.

El mensaje irrumpe en la pantalla y a David se le escapa una mueca: "¡Hay cada pesado!". Donde hay dinero hay trampas. Nightmare4, un usuario de algún punto de Andalucía que prefiere no dar su nombre real, está acostumbrado a encontrarse timadores. Concienciado con la honestidad, se dedica a dar consejos a los neófitos. "Explicamos las funciones del juego, cómo hay que moverse, qué puedes hacer y qué no... Hay gente que intenta estafarte: te pide que le des un objeto para cambiar por otro y luego no te ofrece nada. Incluso te pide la contraseña".

Cuestión peliaguda. Una de las primeras reglas de oro es no facilitar ningún dato personal. El código de buenas conductas del juego se denomina la Manera Habbo. Si se quebranta, adiós. El usuario puede ser alertado, sacado momentáneamente de una sala o, incluso, expulsado del hotel. Todas las zonas tienen un filtro que detecta las palabras ofensivas, los insultos, las coacciones, los comentarios racistas, sobre sexo, las direcciones de e-mail, los números de teléfono? Los signos prohibidos se convertirán en una palabra: "Bobba". Al instante. Por tanto, es imposible contactar con un usuario en la vida real, su nombre real, su cara real y su personalidad real. Toda relación se queda en comunicación virtual. En anonimato y secretismo. La otra vida.

Cambio de escenario. Raquel Álvarez, responsable del departamento de seguridad de Habbo Hotel, enarbola esos mandamientos desde su oficina en Madrid. Es uno de los 15 moderadores españoles que se turnan para pasar 24 horas al día controlando los pasos de los usuarios. Nunca se ha dado, defiende, una situación grave. El catálogo de penalizaciones es éste: dos horas expulsado por comportamiento racista, una semana si alguien intenta llevar fuera de la web a otra persona para averiguar sus datos y 30 días si pide su contraseña. "Cibersexo, expulsión permanente", remata sin ambages.

"Ah, sí, Raquel. Es la manager. Es muy exigente. Se encarga de moderar y eso", comentará un día después David. Le suena el nombre. Cuando algún famoso acude a la comunidad para charlar con los fans (han estado cantantes como Edurne, Hanna, Huecco y Carlos Baute o deportistas como el jugador de baloncesto Tunçeri), Raquel siempre está presente en el teatro. Para que no se arme un guirigay. ¿El teatro? "Vamos a verlo", grita David. Hoy no hay ningún famoso, pero la gente está ahí. Por estar. No conoce a nadie y David se aburre. "Vamos a la sala de música". Tch, tch, pum, paf, pum, tch, tch? La habitación está manga por hombro, con todos los CD por el suelo. "Estoy prisionero de tu amor", se oye una melodía machacona a ritmo de electrónica naif.

La diversión está en el aire. Aunque la educación es otra de las patas de Habbo Hotel. El portal organiza proyectos con ONG. Por ejemplo, cuando el tsunami mató a millones de personas en Tailandia y el sufrimiento salía todos los días en televisión, el director ejecutivo de Unicef dio una charla sobre la cooperación. "Habbo es un juego social", enfatiza Epifanía Pascual, responsable de la empresa en España y Latinoamérica. "Cuidamos los contenidos y la publicidad. Es un entorno divertido y seguro para pasarlo bien". Con todo, aunque Pascual es gran defensora de las nuevas tecnologías, cree que las relaciones personales "no se pueden reemplazar con personas virtuales". Personas que ni se ven ni se tocan.

El dedo en la llaga. Las sociedades de Internet pueden ser un arma de doble filo, apunta Javier Garcés, presidente de la Asociación Nacional de Estudios Psicológicos y Sociales. "Contribuyen a reducir el círculo real de los jóvenes y reemplazan las relaciones directas por unas más débiles", asegura. Preocupación para muchos padres. Y se explaya desde el otro ángulo: "A algunos jóvenes, la pertenencia al grupo virtual les ha ayudado a desarrollar su personalidad y su comunicación con los demás. La soledad les lleva a sumergirse en un mundo diferente. Lo que la Red ofrece, anonimato y desinhibición, puede hacerles sentir más seguros, liberados y aceptados en el grupo tal como son". En otras palabras, puede hacerles sentir personas.

Teletransportación. David se mete en una cabina de teléfono y aparece, por arte de magia y arte de supervivencia virtual, en otra sala. Hasta ahora ha estado poco hablador, pero ya se ha arrancado. Le recibe Croki, su mascota, moviendo el rabo. "Es un cocodrilo con 1003 años", puntualiza. El chaval le dice: "Croki, salta". Y lo hace. Le acaricia, y se mueve. No es suficiente. Debería darle más cariño, como evidencia ese cartel: "Felicidad: miserable". Le da igual. Se dirige a una sala para cambiar objetos. Allá que va, con su furni nuevo, una alfombra para volar por la Luna. Pero este fin de semana, David se marcha de Madrid y le toca hacer el viaje en transporte público. Cierra el ordenador y baja las escaleras del metro esquivando a la multitud garabateada por las prisas. Ay, vuelta a la vida real.


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