Aquest és el bloc del Canet Educa, l'espai de debat educatiu promogut per l'Àrea d'Educació de l'Ajunament de Canet de Mar i que compta amb la col·laboració dels agents educatius del territori i de les mares i pares de Canet de Mar


dijous, 5 de març del 2009

El videojuego es parte de mi escuela

El ocio electrónico arrastra muchos prejuicios, pero se impone como vía de aprendizaje fuera de las aulas y ahora debe entrar en ellas

Javier Martín

20/11/2008

Todo no está en los libros. "Ya no basta con la educación infantil básica. Los niños necesitan unos conocimientos que les conecten con el mundo. Hoy, más que nunca, es crítico buscar soluciones para completar ese marco escolar",cuenta Sugata Mitra, profesor de la Universidad de NewCastle.

Henry Jekins: "Los colegios tienen que fomentar la alfabetización digital"
"El gran obstáculo es el profesorado, que debe reciclarse", dice Aranda
Para Pilar Lacasa, los programas abren vías de participación
"El videojuego es el lenguaje del futuro en la enseñanza", dice Egenfeldt

Los expertos ya no hablan de videojuego educativo, sino del videojuego en el sistema educativo. "El juego educativo ha fracasado", zanja Daniel Aranda, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), "como fracasó antes el cine educativo o la televisión educativa".

El danés Egenfeldt corrobora la idea: "Cuanto más nos centramos en el elemento educativo del juego, más disminuye la motivación del alumnado. Un buen juego es un buen juego educativo". Confirmando el refrán en casa del herrero... Egenfeldt dirige la empresa Serious Games, o sea, Juegos serios; un nombre para combatir quizá la tópica identificación de videojuego y violencia juvenil.


El ocio electrónico ya no es cosa de quinceañeros (la media se aproxima a los 40), ni la mayoría de los títulos son violentos (el 4% de los 8.522 videojuegos publicados en 2007 son para mayores de 18). Aun así da la vuelta al mundo cada coreano que muere después de llevar seis días jugando en el ordenador. El acento siempre cae sobre la actividad, y no sobre el tiempo. ¿No habrían muerto si hubieran estado dándole a las matemáticas?

La realidad es más compleja. En el desolador libro Gomorra, Roberto Saviano cuenta cómo los asesinos de la Camorra ponen la tele para ver sus sangrías, se relajan jugando al fútbol en la PlayStation y en su MP3 no escuchan rap ni heavy metal, sino melodías románticas.

La II Conferencia Europea de Juegos de Aprendizaje reunió recientemente en Barcelona a medio centenar de profesores, psicólogos, investigadores en general del ocio electrónico aplicado a la educación. Las 59 ponencias presentadas, procedentes de 23 países de todas las culturas, hablaban de las bondades del video-juego en la educación. Cómo mejoran los alumnos de música con el programa Groovy music; las diferencias entre los niños que completan sudokus numéricos y los que hacen sudokus simbólicos; videojuegos prenatales; el impacto de los juegos mentales en la capacidad de razonamiento de los niños; el impacto de los juegos contra la discriminación sexual en la enseñanza de las matemáticas...

Para Henry Jenkins, encargado por la Fundación MacArthur de realizar el retrato-robot del alumno del siglo XXI, las mayores oportunidades para este cambio en el aprendizaje no se encuentran actualmente en el sistema educativo, sino fuera de él, en programas extraescolares y en las comunidades de aprendizaje informal. "Las escuelas deben dedicar más atención a fomentar lo que nosotros llamamos la alfabetización digital: un grupo de habilidades que los jóvenes necesitan en el horizonte multimedia que les rodea".

Jenkins, director del Programa de Estudios Comparativos Multimedia en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), describe 11 cualidades que deberá poseer el estudiante perfecto, y que el sistema educativo no podrá inculcar sin incorporar los medios digitales. En esos 11 valores [ver cuadro adjunto] el denominador común es la colaboración y la mezcla. Nada que ver con valores hasta hace poco sacrosantos, como memorización, individualismo, obediencia, jerarquía, disciplina...

El videojuego como lenguaje de aprendizaje ya es fundamental en otros ámbitos de la vida, desde la autoescuela a las asociaciones de alcohólicos anónimos, por lo que choca su retraso en la incorporación a la escuela.

Quizá es cuestión de tiempo. Romeo y Julieta no se escribió para enseñar sexualidad en el colegio, pero ahora nadie protesta por su empleo como material escolar. Hoy es imposible encontrar algo mejor que el juego Civilization para explicar en clase el Imperio Romano. Pero no se emplea. "El principal obstáculo es el profesorado, que se tiene que reciclar, que se tiene que adaptar a las nuevas tecnologías", dice Aranda. Este profesor de la UOC mantiene, junto a Jordi Sánchez Navarro, el blog Spider (siglas en inglés de Gente más inteligente con los recursos de entretenimiento digital interactivo).

Pilar Lacasa, de la Universidad de Alcalá de Henares, reparte los obstáculos. A la resistencia del profesorado añade el entorno familiar del alumnado. Y les anima a que se quiten el miedo: "Los videojuegos abren nuevas vías de aprendizaje, de enseñanza, y especialmente de participación, desde unas perspectivas dinámica y creativa". La empresa de juegos Electronic Arts colaboró con Lacasa en una experiencia de ocio digital entre los más pequeños. Una de sus observaciones fue que los mismo niños, con los mismos juegos, participan de forman diferente si se encuentran en el ámbito escolar o fuera de él.

Participación es la clave. "El videojuego en clase exige la participación constante del profesor", dice Egenfeldt. "No se puede dejar solo al alumno, porque necesita el feed back constante; hay que incentivar la participación. Clase y videojuego deben de estar integrados. Si vamos a hablar de acoso escolar, no veo mejor medio que Bullying". De Canadá a España se oyeron voces de profesores y padres para que se prohibiera su venta.

Mirado así, quizá el empleo del videojuego en clase añada más trabajo al maestro; finalmente, quizá resulta más cómodo mandar leer un libro y que el alumnado escriba una redacción para el mes siguiente. Aranda discrepa: "Al principio también el profesor lee el libro en clase en voz alta; poco a poco se les da más autonomía. No lo veo diferente con el videojuego. No creo que el profesor le tenga que dedicar más esfuerzo al alumnado; sí tiene que dedicar un esfuerzo para dominar esta nueva herramienta de enseñanza".

Aparte de sus investigaciones sobre el ocio electrónico, Egenfeldt ha creado dos juegos sobre regiones en conflicto (www.globalconflicts.eu), Latinoamérica y Palestina. El estudiante se pone en la piel de un periodista que llega a la zona sin saber por dónde le da el aire. Debe investigar, enterarse de los argumentos de unos y de otros para acabar escribiendo una historia sobre el tema. Sin duda, es un paso adelante, pero los juegos de Egenfeldt no ocuparán la lista de superventas, como, por ejemplo, Sim City,donde el jugador tiene que decidir si gastarse el presupuesto municipal en un polideportivo -y acabar con las protestas vecinales-, o en un parque de bomberos. "Esta interactividad, la acción-reacción, el premio-castigo son herramientas fundamentales en el sistema educativo", explica Egenfeldt.

El juego electrónico tiene una incidencia directa en la mejora del alumno en sus calificaciones en general. "Pero no es sólo eso", explica Aranda. "Si se aplica para ilustrar o para captar la atención del estudiante, como antes se hizo con el cine o con la televisión educativa, no se aprovecha toda la potencialidad del ocio digital".

El juego electrónico se debe aplicar en la escuela para preparar a los alumnos en lo que se encontrará en la calle. "Si sólo se trata de calificar los contenidos, para eso ya sirve el sistema tradicional. No es necesario cambiarlo", dice Aranda; "pero si queremos adaptarnos a la nueva situación, es decir, saber dónde encontrar el material, cómo distribuirlo, discutir en grupo, simular, negociar, resolver problemas sobre la marcha, el videojuego es insustituible, imprescindible en el sistema educativo".

Tampoco se trata de satisfacer la demanda de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC), que pide para ESO y Bachillerato una asignatura más, cultura audiovisual, porque "los adolescentes consumen mucha televisión, Internet y videojuegos, pero tienen un considerable analfabetismo audiovisual".

Como se ha visto, el analfabetismo no es precisamente de los adolescentes. El profesor Mitra lo ha comprobado con sus programas de Educación mínimamente invasiva. "Aprovecha el poder de colaboración y la natural curiosidad de los niños para transmitir el aprendizaje", dice Mitra, que ahonda en la importancia de la enseñanza fuera de la escuela. Y pone ejemplos de éxito mundial, "todos sistemas de educación autogestionados, al margen de los sistemas educativos oficiales": el juego Second life, las enciclopedias colaborativas, o wikis, su proyecto Un agujero en la pared o el mismo Moodle, un paquete de software creado hace seis años por el australiano Martin Dougiamas.

El objetivo de Moodle es la creación de cursos y sitios web basados en Internet. Es un sistema de distribución libre, que ayuda a los educadores a crear comunidades de aprendizaje a través de Internet. Su sistema ya se ha traducido a más de 75 idiomas y tiene 21 millones de practicantes repartidos por el mundo. Moodle se basa en el aprendizaje colaborativo. Para Dougiamas, el conocimiento se construye en la mente del estudiante en lugar de ser transmitido sin cambios a partir de libros o enseñanzas.

Todo no está en los libros. Miles de enfermeras y personal sanitario practican con Pulse! las situaciones de emergencia que se viven en un hospital. Millones de adolescentes se montan su vida particular en Whyville; comunidades de enfermos cardiacos, de paralíticos o de esquizofrénicos se reúnen en Second lifecontarse sus problemas y sentirse arropados.

Como cada año desde hace cinco se celebran los Juegos de la Salud. Esta vez la sede fue Baltimore (EE UU) en el mes de mayo. Durante una semana los médicos revisaron las aplicaciones del ocio electrónico en su campo, y las empresas de juegos les enseñaron sus nuevos títulos. Los que enseñan a comer bien; los que reducen el estrés, tipos de exergames... Entre las conferenciantes, Nina Fefferman de la Universidad Tufts, que habló del comportamiento de la gente ante una epidemia desatada en el juego World of warcraft. El trabajo fue publicado en la revista médica The Lancet.

Aunque la comunidad científica, como la educativa, huya de llamar a estos recursos, juegos o serious games, son sin duda una nueva forma de aprendizaje. "El videojuego", sentencia el psicólogo Egenfeldt, "es el lenguaje del futuro en la enseñanza".

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dimecres, 4 de març del 2009

Una peligrosa ventana

Mariano Gonzàlez
31/10/2008

La medida que han adoptado las autoridades francesas tiene que verse como un síntoma de la preocupación social ante la posibilidad de que empresarios sin escrúpulos sucumban, por intereses espurios, a explotar el mercado infantil. La decisión del Consejo Superior Audiovisual del país vecino es una buena medida preventiva para evitar injerencias en la forja de la personalidad del niño, mezclando realidad y ficción. Son varios ya los informes de especialistas en diversos campos que plantean a las claras las consecuencias negativas de una programación televisiva para menores de tres años.

Y ese debe ser el dato básico para no experimentar con la audiencia infantil hasta que se despejen los riesgos. Entre éstos figuran la pasividad, la hiperactividad y una menor capacidad de concentración, denunciados todos ellos por el informe del Consejo Audiovisual francés, e imitado por la OFCOM, el organismo británico encargado de exigir a la industria de las comunicaciones que respete la legislación al efecto. Los británicos han encargado otro estudio, precisamente alarmados por el correspondiente francés. Dejar que la televisión sea la primera ventana por la que un niño se asoma al mundo exige una reflexión, no sólo de los creativos y programadores. De lo contrario, la sociedad civil se juega el futuro.

Mariano González es miembro de la Agrupación de Telespectadores y Radioyentes.


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Els programes de tele infantil a debat

La 'tele' para bebés está bajo sospecha

Francia pone coto a los programas dirigidos a menores de tres años
Los creativos defienden su obra como algo educativo, si no se abusa

Carmen Pérez-Lanzac
31/10/2008

-Dieeeego.

-¡¡Diego!!

Diego, tres años, no oye a su madre. Está absorto viendo una película del fantasma Casper en la tele del salón y no hay forma de que quite los ojos de la pantalla. "Nada, se abstrae por completo", dice Blanca. Como la mayoría de los niños, Diego empezó a ver la tele hace ya tiempo. Se la ponen por las mañanas, mientras sus padres terminan de vestirse, y por la noche, antes de dormir. "Y desde que nació su hermana, si estoy sola y necesito dedicarme a ella también se la pongo un rato". Los padres de Diego no son ni mucho menos unos despreocupados. Juegan con él, le leen cuentos y cuando hace falta recurren también a la tele, aunque prefieren tirar de DVD para evitar que vea tantos anuncios.

La televisión es un conocido sedante de niños y a menudo se convierte en una gran aliada de unos padres ocupados y cansados. Ante la tele, los niños se quedan inmóviles y boquiabiertos. Es útil y a ellos les gusta. La mayoría empieza a ver la televisión en torno al año. Hasta finales de los noventa apenas había programas dirigidos a bebés. Pero entonces llegaron los Teletubbies y su éxito fue mundial. Un total de 120 países retransmitieron el programa, dirigido a menores de cuatro años y con los ingredientes necesarios para llamar su atención: colores chillones, canciones, "abrazos fuertes" y una voz en off que hace de narrador, como cuando un adulto les cuenta un cuento. Visto el éxito, los Teletubbies tuvieron muchos sucesores, la mayoría basados en programas educativos desarrollados por pedagogos y educadores: Pocoyó, Los Lunnis, Little Einstein, El jardín de los sueños y un larguísimo etcétera.

En 2003, tras haber descubierto este nicho de pequeños telespectadores, una empresa israelí ideó Baby TV, un canal temático con 24 horas de programación para menores de tres años. En 2006, otra estadounidense lanzó un canal similar, Baby First, "una forma divertida y didáctica de acercar a tus hijos el arte, las matemáticas, la lengua y la música. Y recomendada por los expertos en desarrollo infantil", según reza su eslogan en España. Más de 40 países están emitiendo en estos momentos la señal de al menos uno de estos dos canales.

Ante una parrilla plagada de contenidos no aptos para los más pequeños, la inofensiva programación de estos canales fue tan bien recibida como los Teletubbies. Muñecos de plastilina, música clásica y frases como "Amarillo es el sol, como un girasol". Los niños ven la tele, sí, pero aprenden. Todo el mundo parecía contento con la idea. Hasta que el Ministerio de Sanidad francés se ha erigido en su adversario.

El pasado 16 de abril, dictaminó: "Los fundamentos científicos sobre el desarrollo cognitivo y físico del niño tienden a demostrar que los programas de televisión creados específicamente para los más pequeños no tienen un efecto positivo sobre su desarrollo psicomotor y afectivo. Al contrario, estudios disponibles subrayan el riesgo ligado al consumo de imágenes televisivas sobre el desarrollo del pensamiento y la imaginación, la integración de emociones y sobre su desarrollo psicomotor. Para desarrollar sus capacidades físicas, psicomotrices, cognitivas y afectivas, el niño debe utilizar activamente sus cinco sentidos y apoyarse sobre la relación con un adulto". El ministerio (...) recomienda a las empresas que comercialicen estas emisiones no alegar beneficios para el desarrollo del niño que no están demostrados científicamente.

El Consejo Superior de lo Audiovisual francés (CSA) también tomó cartas en el asunto. El 22 de julio concluyó: "El consumo de televisión por parte de los menores de tres años afecta a su desarrollo, fomenta la pasividad, problemas de sueño, agitación, falta de concentración y adicción a la televisión". Por tanto, desde mañana ninguna cadena francesa puede "editar, difundir o promover programas anunciados como específicamente para niños menores de tres años". Además, los canales de cable o de televisión digital deben informar a sus abonados de forma "legible y accesible" que "ver la televisión puede frenar el desarrollo de niños menores de tres años, aun cuando se trate de cadenas dirigidas específicamente a ellos".

La decisión ha caído como un jarro de agua fría en el sector y ha preocupado a muchos padres. ¿No eran estos programas buenos para sus hijos? ¿Es posible que ver una emisión en la que un pincel enseña los colores sea negativo para un niño pequeño?

Andrew Davenport, el papá de los Teletubbies, estuvo en Madrid el pasado septiembre presentando su nueva emisión dirigida a bebés: El jardín de los sueños (La 2). Sus protagonistas son muñecos que no hablan sino que hacen ruidillos. Todo sucede despacio y en cada capítulo una misma historia se repite varias veces. El programa aburre a los adultos, pero gusta mucho a los pequeños. Consultado respecto a la decisión del CSA francés, Davenport se encogió de hombros: "Hoy en día es difícil mantener a los niños alejados de las pantallas. Una serie así les ayuda a definir su cultura y, en mi opinión, favorece su desarrollo. Evidentemente, todos los niños no son iguales y son los padres quienes tienen que valorar si le viene bien a su hijo. La realidad es que hay muy pocos estudios serios sobre este tema, pero yo personalmente no le negaría el placer que siente viendo el jardín de los sueños a mi nieto de 18 meses".

Fernando de Miguel, consejero delegado de Zinkia, la empresa creadora de Pocoyó, reconoce que vivió la resolución de Francia con sorpresa. "Nosotros desarrollamos Pocoyó con asesores educativos que trabajan en su día a día con niños de las edades en cuestión. Tenemos en cuenta los conceptos básicos universales de cómo educar a un niño e intentamos transmitir los mismos valores de la escuela: los hábitos de higiene, aprender a compartir y a ganar autonomía. En mi opinión, reservar un pequeño espacio del día para que el niño esté viendo un programa de este tipo, que dura entre 7 y 11 minutos, no sólo no es perjudicial sino positivo. Es parte de su formación igual que lo es ir a un parque a ver un guiñol. Todos estamos convencidos de que ver la tele de forma abusiva es malo. No se les puede dejar una hora ante la pantalla, ni pretender que eso supla jugar con los adultos, intercambiando sonrisas".

Xavier Viza, director de Los Lunnis, resume: "No soy un experto en educación, pero si creyera que estos programas afectan al crecimiento educativo no los haría. Cada capítulo se basa en un currículo educativo muy estricto. Hoy mismo hemos eliminado de un guión una escena en la que un muñeco se desespera y da golpes contra la mesa. Vamos con mucho cuidado".

¿Qué opinan de todo esto los expertos? "En principio, que los muy pequeños vean un tiempo breve de televisión no tiene importancia, el problema es si se abusa. Y la realidad es que muchos padres están abusando", opina Valentín Martínez-Otero, psicólogo y pedagogo. "El juego es un asunto muy serio y es un error grave que los niños dejen de hacerlo por ver la tele. A esa edad el juego es puro ejercicio: manipulación de objetos y movimientos que le reportan placer y le abren las puertas de numerosos aprendizajes. Ver mucho tiempo la televisión puede generar pasividad, sobrepeso y obesidad infantil, además de empobrecimiento cognitivo y social".

Un estudio llevado a cabo en 2004 por la Universidad de Seattle, en Estados Unidos, con 1.200 niños menores de un año y 1.300 menores de tres, daba a entender que existe relación entre ver la tele a esas edades y presentar problemas de atención a los siete años. Sin embargo, el informe añadía infinidad de parámetros que rebajaban tal afirmación.

"La tele es un mal sustituto para unos padres que están muy ocupados y no pueden o no quieren dedicarles más tiempo", explica Mariano Trillo, psiquiatra infantil. "A esa edad los niños necesitan interactuar con adultos y aprender a moverse y a coordinar. Una tele no puede hacer eso. No es que la televisión sea necesariamente mala, sino que está ocupando un espacio de tiempo que deberían compartir con sus padres. Puedes mirar cómo alguien mete los triángulos en la cajita en un programa de la tele, pero mientras no lo hagas tú no vas a desarrollar tu propia coordinación. La tele es más bien un anestésico para los papás".

Gary Pope, fundador de la consultora Kids Industries, especializada en asuntos relacionados con la familia, opina: "Los menores de dos años no deberían ver la televisión. No entiendo por qué los franceses han ampliado la edad a los tres años. El problema es que la mayoría de los padres no sabe muy bien qué es bueno para sus hijos. Si les dicen que un programa fomenta su desarrollo, se lo ponen. Deberían hacer más esfuerzo y no acudir siempre a la tele".

En España el debate no se ha planteado. "Habiendo tantos temas relacionados con el audiovisual infantil desatendidos, sería desproporcionado", dice De Miguel (Pocoyó). "Empezando por la falta de programación dirigida a niños". La misma opinión que Manuel Cristóbal, secretario general de Cartoon, la Asociación de Productores de Animación Europea, y director de Perro Verde Films (que en breve estrena la película El lince perdido): "En España lo lamentable es que el horario protegido esté tan desprotegido. Es el único país europeo que no tiene un sistema que controle eficazmente lo que se emite en horario infantil y que penalice como se debe a quien no lo cumple. El código de autorregulación sobre contenidos televisivos e infancia es una tomadura de pelo".

Los consultados parecen estar de acuerdo en que el quid es el tiempo de visión. El problema es que ese dato no existe. Sofres, la empresa que mide la audiencia, lo hace a partir de cuatro años. Así que nadie sabe a ciencia cierta cuánta tele o qué programas están viendo los más pequeños. "El consumo televisivo por parte de los menores de tres es importante y existe", dice Pablo Romero, director de programación de Digital +, plataforma que emite Baby First en España.

Al margen del debate surgido en Francia, la mayoría de los niños van a seguir viendo la tele y es preferible que lo hagan siguiendo unas pautas que Martínez-Otero resume: "La televisión puede brindar aspectos positivos, siempre que se limite el tiempo, se adopte una posición adecuada y se seleccionen los contenidos, aunque no es lo más aconsejable, sobre todo si se tiene en cuenta que hay otras opciones y hay que cultivarlas desde la temprana infancia".



És nociva la tele?

ANÁLISIS: DOS VISIONES ANTE UNA MEDIDA POLÉMICA
Menos hipocresía y más calidad

Agustín García Matilla
31/10/2008

Estudios recientes nos dicen que más del 90% de los escolares españoles ven la televisión al volver del colegio. Entre los cuatro y los 15 años ven una media diaria de dos horas y 28 minutos, una hora y 20 minutos menos que los adultos y hasta tres horas menos que los mayores de 65 años.
¿Puede decirse que la televisión es mala para los menores? La respuesta puede parecer de Perogrullo: la televisión mala es mala para los menores y la buena televisión, buena como instrumento socializador y herramienta útil para la educación.

Existen excelentes informativos para niños y jóvenes que se emiten en televisiones de Italia, Alemania, Holanda o Reino Unido; Newsround lleva más de 30 años emitiéndose en la BBC y se ha convertido en un referente de televisión de calidad que sirve a niños y niñas para entender la realidad y como nexo de relación y diálogo con sus padres. En el Reino Unido se han producido también algunos de los mejores programas del mundo para niños: Words and Pictures, Telettubies, Twennies, etcétera. La población británica ha exigido a su televisión pública una producción específica para los niños y la ha logrado.

En países como Estados Unidos existe una televisión también pensada para los niños que busca la calidad. No es una casualidad que el taller de televisión Children's Televisión Workshop (CTW) haya seguido produciendo programas pensados para niños y jóvenes 30 años después de que su producción Sesame Street (Barrio Sésamo) se convirtiera en el gran referente de la televisión de servicio público para niños. En países como Brasil existen actualmente experiencias como la de MultiRío en la que los niños son protagonistas con una participación activa en la producción. Durante décadas en México o en Argentina algunas televisiones han emitido programas de calidad destinados a niños, o las emisiones para la red escolar producidas por TV Quality.¿Qué pasa en España? Los niños de nuestro país ven televisión para adultos porque, salvo honrosas y aisladas excepciones, no tienen donde elegir. Nuestros niños tienen la desgracia de haber nacido en el único país de Europa que no cuenta con un Consejo Superior del Audiovisual que haga cumplir, por ejemplo, las directivas europeas. Estamos a gusto nadando en la hipocresía: hablamos de televisión basura y no tenemos fuerza como sociedad para exigir una televisión de calidad que dé alguna opción de de variedad a nuestros niños.

Agustín García Matilla es catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Valladolid

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